¿Cómo debe ser un arco bueno?


• Peso

 

Un arco para violin pesa entre 55 y 65 gramos, viola entre 65 y 75 grs, cello entre 75 y 85 grs. Arcos pesados pueden dar un sonido más lleno al pegarse mejor a la cuerda mientras que los ligeros pueden ganar en los pasajes de virtuosismo y rapidez, pero pueden perder sonoridad y plenitud en notas tenidas. Lo fundamental es la sensación al empuñarlo. El peso ideal oscilaría en la mitad de los pesos mencionados para cada tipo de instrumento, aunque también hay buenos arcos más ligeros. Un peso mayor refuerza el volumen pero puede ser más difícil para golpes de arco rápidos. Un arco demasiado ligero puede dificultar hacer vibrar las cuerdas.



• Equilibrio

 

Un buen arco ha de ser equilibrado, lo que no significa obligatoriamente que tenga que ser más ligero. Sostener el arco en 45º puede ser una buena manera de sentir su equilibrio.

Cuanto más pesa un arco en la punta, más pesado parecerá. Afloja las cerdas y sujeta el arco entre el dedo índice y el pulgar, a unos 25 cm. del extremo de la vara (sin contar el tornillo). Si la punta baja, el punto de equilibrio del arco está demasiado adelantado. Un arco con el peso hacia la punta puede ser más fácil de manejar. El punto de equilibrio más atrasado puede parecer más ligero pero habrá que dirigir más el arco.

Además, un buen arco debe tener la misma rapidez de respuesta en la punta, el centro o el talón.

 

• Estado

 

Sobre todo si vas a comprar un arco de segunda mano hay que comprobar varios factores:

Hay que fijarse bien en la calidad y estado de la nuez, una pieza fundamental para el buen funcionamiento del arco.

Si las cerdas están dadas de sí, el arco no hará bien su trabajo, aunque eso tiene fácil solución encerdando de nuevo. Además, unas cerdas dadas de sí obligan a retraer mucho la nuez hacia atrás, desequilibrando el arco.

Los arcos muy viejos pueden perder curvatura con los años. Un luthier puede corregir esto, pero sólo merece la pena si el arco es realmente bueno.

Por supuesto, el arco debe estar perfectamente recto en la dimensión lateral. Para comprobarlo colocamos el arco con el tornillo frente a nuestro ojo y las cerdas hacia abajo mirándolo en escorzo (perspectiva). Cualquier desviación se verá fácilmente.

En cuanto a materiales, un buen arco tradicional tiene la vara hecha de madera pernambuco, la nuez de ébano, protección de cuero auténtico, entorchado de hilo de plata o alpaca, y cerdas de crin de caballo. Hay arcos con guarniciones de oro de decenas de miles de euros.

Un arco más barato puede estar hecho de madera de brasil, mientras que la nuez, protección y cerdas suelen ser de materiales sintéticos.


• Probando arcos


Si vas a cambiar de arco y te pones a probar, cuando lleves varios ya no te acordarás de cómo se comportaban los primeros. Debes ser consciente de cómo es tu forma de tocar, cómo es tu violín y la música que tocas y qué tipo de arco te conviene. A partir de ahí es más fácil ir desechando hasta dar con el deseado. El comportamiento del arco se nota sobre todo en notas largas. Si eres principiante no notarás nada de esto, menos aún si pruebas con un mal violín. Con la experiencia y a base de probar mucho irás notando cada vez más detalles y sutilezas.


• Mantenimiento


Igual que cualquier instrumento, el arco tradicional está hecho de madera, de modo que es un objeto vivo, que cambia con el tiempo y con las circunstancias externas: humedad, temperatura, etc. Debes evitar factores extremos o cambios bruscos. No lo dejes por ahí expuesto a accidentes, mantenlo en su estuche o en la funda del violín.

Recuerda destensar las cerdas del arco al terminar de tocar y antes de guardarlo, así durarán más tiempo y no tendrás que acudir a encerdarlo tan a menudo. Guárdalo con las cerdas hacia abajo.

Procura no tocar mucho las cerdas con la mano; sudor y grasa corporal se adherirán al polvo de resina y perjudicarán el sonido.

Si no puedes darle al arco la tensión adecuada es posible que las cerdas estén dadas de sí, o que la vara haya perdido curvatura. En ese caso debería verlo un experto.

Sólo es necesario aplicar resina cuando las cerdas están demasiado lisas. Eso no sucede más de una vez a la semana, incluso si tocas mucho. Hay violinistas que parecen tener trastornos obsesivos compulsivos, parece que no se quedan tranquilos si no frotan resina antes de tocar. Realmente se nota cuando el arco empieza a necesitarlo.

Mueve las cerdas contra la resina, mejor que al revés, y aplica la resina a lo largo de las cerdas, de la punta a la nuez. Si colocas la pastilla de resina en tu mano izquierda como si sostuvieras el violín y frotas el arco sobre ella como si estuvieras tocando, puede ser un buen ejercicio de control del brazo derecho. Cuando la resina es nueva le cuesta empezar a soltar polvo; ten paciencia, puedes rayar con un cuchillo o una lija la superficie para que no esté tan lisa. Los fabricantes prefieren que tenga un aspecto atractivo a que sea eficaz desde el primer día.

Si hay demasiado polvo, puedes sacudir el arco con suavidad contra tu mano pero con mucho cuidado para no golpearlo contra algo involuntariamente. Si sale mucho polvo es que te has pasado aplicando resina.

Si las cerdas están dadas de sí, por el tiempo o por haberlo tensado demasiado, no podrás darle al arco la tensión suficiente de nuevo: la solución es encerdarlo de nuevo. Lo mismo pasa si se han roto muchas cerdas.

El cambio del cuero de protección, o incluso del entorchado, puede hacerse a veces junto con el cambio de cerdas.


• Limpieza


Limpia la madera de resina del arco al terminar de tocar.

Si se rompen las cerdas, quítalas “arrancándolas” por el extremo de la anilla, mejor que sólo tirando de ellas. Otra solución es cortarlas cuidadosamente con tijeras o tirando en su base con pinzas, tan cerca de la anilla como sea posible.

Las cerdas suelen ensuciarse cerca de la nuez. Puedes limpiarlas con un paño húmedo y caliente e incluso con un poco de jabón líquido o alcohol 70 %. Los extremos de las cerdas se sujetan con pequeñas cuñas: asegúrate de que no los mojas.

Si tienes que poner resina cada vez más a menudo, es posible que se deba a un exceso de residuos de resina, que alisa mucho las cerdas. Puedes limpiarlas tú mismo con un paño y un limpiador con alcohol al 70%, pero es mejor que te lo haga un experto. El alcohol puede dañar la vara y es posible que sólo consigas pegar las cerdas entre sí cada vez más. Un luthier decidirá si la cerdas se pueden limpiar o es mejor cambiarlas.

Si notas el tornillo que no gira suavemente o parecen atascarse, puedes soltarlas girando. Así podrás hacer limpieza para que vuelva a girar bien. Si no se arregla, deberás llevarlo a que lo miren. También lo deberías llevar si el cuero o el entorchado se han deteriorado por el roce y el sudor.


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